Las tortugas domésticas son mascotas populares debido a su compartamiento pasivo, relajante y también por su conocida longevidad, sin embargo, algo que muchas personas desconocen es que estos reptiles pueden padecer diversas enfermedades si no reciben los cuidados adecuados. A diferencia de los mamíferos, las tortugas muestran signos de enfermedad de manera lenta y progresiva, lo que hace que en muchos casos se detecten los problemas cuando ya han avanzado demasiado. Los factores como una alimentación inadecuada, la falta de higiene en el hábitat y condiciones ambientales incorrectas pueden provocar desde infecciones hasta problemas metabólicos graves. Por ello, es necesario que los propietarios aprendan a identificar los síntomas de las enfermedades más comunes para actuar a tiempo y garantizar el bienestar de su tortuga.
Entre las patologías más frecuentes en estos reptiles se encuentran las infecciones respiratorias, que suelen aparecer debido a una baja temperatura en el ambiente o una exposición prolongada a corrientes de aire. También es habitual la presencia de enfermedades en el caparazón, muchas veces causadas por hongos o bacterias, que pueden derivar en infecciones severas si no se tratan adecuadamente. Además, una alimentación desequilibrada puede generar déficits nutricionales que afectan el desarrollo óseo y el metabolismo de la tortuga. Otros problemas de salud incluyen parásitos internos, lesiones o fracturas en el caparazón y enfermedades oculares, por lo que, en el siguiente artículo, vamos a profundizar sobre cuáles son las enfermedades más habituales de una tortuga doméstica, revelando causas y cómo se previenen al seguir buenas prácticas de manejo y mantenimiento en sus hábitats.
Causas y síntomas de las infecciones respiratorias

Las infecciones respiratorias son una de las patologías más comunes en tortugas domésticas y pueden ser potencialmente mortales si no se tratan a tiempo. Por lo general, estas enfermedades surgen cuando la temperatura del terrario o del ambiente donde vive la tortuga es demasiado baja, lo que debilita su sistema inmunológico y favorece el desarrollo de bacterias en las vías respiratorias. Otro factor desencadenante es la humedad excesiva, que también contribuye a la proliferación de microorganismos patógenos, por lo que los ejemplares afectados suelen mostrar letargo, falta de apetito y dificultades para respirar, manifestadas a través de sibilancias o secreciones nasales.
El tratamiento para estas infecciones generalmente incluye el aumento de la temperatura ambiental, el uso de antibóticos recetados por un veterinario especializado en reptiles y la corrección de los factores que provocaron la enfermedad. En este sentido, se recomienda no administrar medicamentos sin la supervisión de un profesional, ya que algunos antibacterianos pueden resultar tóxicos para las tortugas. Además, una dieta rica en vitaminas A y C puede fortalecer su sistema inmunológico y ayudar en la recuperación. El hecho de prevenir las infecciones respiratorias es posible al asegurarse que el hábitat cuente con una temperatura estable y adecuada según la especie, además se debe evitar corrientes de aire, mantener el entorno limpio y desinfectarlo de manera regular.
Enfermedades del caparazón y sus consecuencias
El caparazón de la tortuga es una parte fundamental de su anatomía, ya que este tiene como objetivo principal el proteger sus órganos internos, sin embargo, también puede ser vulnerable a diversas enfermedades. Una de las afecciones más frecuentes es la pododermatitis, también conocida como «pudrición del caparazón», una enfermedad que puede ser causada por la presencia de hongos o bacterias, que se desarrollan en condiciones de humedad excesiva y falta de higiene en el terrario. Las tortugas con esta patología presentan zonas blandas o descoloridas en el caparazón, lo que puede derivar en infecciones sistémicas si no se trata a tiempo.
El tratamiento suele incluir la aplicación de antimióticos tópicos o antifúngicos, así como la mejora de las condiciones del entorno para evitar la proliferación de microorganismos. Otro problema común es la deformación del caparazón, que ocurre principalmente por deficiencias nutricionales, en especial la falta de calcio y vitamina D3. Las tortugas que no reciben suficiente exposición a la luz ultravioleta pueden desarrollar un caparazón blando y con malformaciones, lo que afecta su movilidad y calidad de vida. Para evitarlo, es recomendable proporcionar una dieta balanceada, así como garantizar una iluminación pertinente que pueda replicar al máximo posible su hábitat natural.
Parásitos internos y su impacto en la salud

Los parásitos internos pueden afectar a las tortugas domésticas sin que los propietarios lo noten hasta que los síntomas sean evidentes, por eso se deben llevar a cabo chequeos constantes con profesionales en la salud de reptiles. Los organismos que provocan estas afecciones pueden ser protozoos, lombrices o nemátodos que ingresan al sistema digestivo a través de alimentos contaminados o el contacto con otras tortugas infectadas. Una tortuga con parásitos puede mostrar síntomas como pérdida de peso, diarrea persistente, letargo y cambios drásticos en su apetito, pero en casos más avanzados, la infestación parasitaria puede debilitar gravemente al animal y comprometer su sistema inmunológico.
El diagnóstico de parásitos internos debe ser realizado por un veterinario mediante un análisis de heces, ya que de esta manera se podrá definir un tratamiento especial, el cual dependerá del tipo de organismo presente, aunque en la mayoría de los casos, se administran antiparasitarios específicos para reptiles. Para prevenir la aparición de parásitos, es necesario mantener la higiene del terrario, lavar bien los alimentos antes de ofrecérselos a la tortuga y evitar el contacto con ejemplares desconocidos que puedan estar infectados.
Causas y soluciones de los problemas oculares
Las enfermedades oculares también son bastante comunes en tortugas domésticas, pues estas pueden estar relacionadas con deficiencias vitamínicas, infecciones bacterianas o la acumulación de suciedad en el entorno. Uno de los problemas más frecuentes es la hinchazón de los ojos, que suele ser consecuencia de una carencia de vitamina A en la dieta. Esta condición puede llevar a la inflamación de los párpados, dificultando la visión y provocando una notable pérdida de apetito.
El tratamiento dependerá de la causa del problema, pero en el caso de deficiencias nutricionales, lo más recomendable es complementar la dieta con alimentos ricos en vitamina A, como zanahorias y vegetales de hoja verde. En el caso de tratarse de una infección, puede ser necesario el uso de colirios antibióticos recetados por un especialista. La prevención de enfermedades oculares incluye una correcta alimentación, una higiene adecuada en el terrario y evitar la exposición a fuentes de luz artificial muy intensas que puedan irritar los ojos de la tortuga.